Posts Tagged ‘Ramona Belano’

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París, 28 de junio de 2009.

julio 23, 2009

“La vida continúa siempre igual,

adentro y afuera,

y este silencio es una verdad.”

Querido Lisandro:

Hace rato ya que ninguno de los dos sabe qué escribir. Ni una fatigada línea irresponsable en meses. Ni una sola. Ésa es la pringosa realidad en donde chapaleamos como marmotas o mamotretos. Tal vez nos ha llegado la hora de admitir que ni siquiera somos futuras promesas de un Parnaso remoto. Seguimos, eso sí, garabateando desaciertos en libretas que no hacen más que acumularse, así como se acumulan los años, las frustraciones y los rencores. Ni más ni menos. Tendrán el reconocimiento del polvo o de los gusanos. Qué más da. Mientras tanto, el mismo ronroneo lerdo de los días, esperando algún tipo de acontecimiento contundente, alguna sacudida bestial que remueva los cimientos de la abulia que con tanta paciencia hemos cosechado. Una sacudida o golpe similar al que produce un cuerpo si se deja caer desde un séptimo piso en plena acera. Read the rest of this entry ?

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París, 20 de abril de 2009.

mayo 24, 2009

“Desgraciada memoria
que obligas a saber
por qué caminos
hemos llegado a ser lo que somos”

Querido Lisandro:

Todavía puedo recordar con precisión el tono de tu voz al recitar de memoria algunas pavadas del polaco piojoso y mal parido que cito en esta carta. En tu honor y en tu memoria, claro está. Aunque jamás he llegado a comprender -y mucho menos compartir- tu devoción por semejante pelandrún; porque para mí, no es más que una bolsa de arpillera retórica simulando ser una seda intelectual. Supongo que será otra de tus tenues imposturas; ésas con las que has intentando seducir mujercitas y mujerzuelas. Tu gama recorre desde las tímidas e ingenuas adolescentes hasta las hembras vencidas y maltrechas. Nunca una dama digna de atención, por supuesto. Eso para vos sería claudicar, vaya uno a saber de qué. Read the rest of this entry ?

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Ayer por la noche

octubre 28, 2008

   Ayer, domingo por la noche, luego de cenar  tres porciones de muzzarela, una porción de jamón y morrones, una faina y un flan con dulce de leche, decidí irme a domir bien temprano. No tenía mucho más para hacer. Bueno, lo admito, -¡¡¡ basta, lo admito !!!- yo nunca tengo mucho para hacer y vivo, por supuesto, quejándome de la existencia en todos sus sentidos y en su más rotunda totalidad. Pero en este caso en particular, no tenía otra alternativa, o al menos eso, pensaba yo entre bocado y bocado. Ni siquiera tuve la necesidad de salir a cenar afuera luego de haber pasado todo el día encerrado, con las persianas bajas, fumando cigarrillo tras cigarrillo, leyendo el diario con desprecio o mirando el techo como un energúmeno; opté por pedir al delivery de una pizzería cercana y masticar con resignación una promoción diseñada para solitarios depresivos como yo. Misantropía, de eso creo que sufro a veces. De eso sufro hace años. Read the rest of this entry ?

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Azcuénaga, Mitre, Larrea y Perón. Parte I

julio 27, 2008

   El patio parecía un tablero de ajedrez. Baldozas blancas y negras. Una al lado de la otra. Blancas y negras, negras y blancas: miles de baldozas. Las dimensiones del patio eran inmensas para la perspectiva de un niño. Para la de un adulto también. Creo, no lo sé, porque hace años que por suerte no voy ni de visita. Lo llamaban “El patio de honor”. Alguna vez, habré hecho un gol entre su arcos. Alguna vez, digo, porque detesto el fútbol. Bah, detestar es poco. Es ser injusto utilizar esa calificación para expresar lo que yo siento por la pasión del fútbol. Y sobre la palabra honor no tengo ni la más remota idea de qué signfica ni dónde se puede conseguir. Honor me parece una palabra arrancada del diccionario del universo medieval. Una palabra que suena a hipocresía escondida en el traje de los buenos modales. Una palabra inocua. Read the rest of this entry ?

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Nieve, whisky, tristeza y rencor (Oesterheld ) Parte II

julio 26, 2008

   Volvimos a la casa de mis padres sacando fotos a todo lo que se movía. Mi madre sonreía y mi padre disparaba. La nieve caía cada vez más pero a mí en ningún momento me conmovió. No estoy para estupideces, pensaba. Llegamos y mis padres se pusieron a ver la televisión. Hacían todo tipo de comentarios y yo tirado en el sillón me preparaba para soportar lo peor: mi desconsuelo infinito. Read the rest of this entry ?