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sangre de cóndor – jorge sanjinés

Junio 11, 2008

Iba por Garay. Guantes, gorro, sobretodo. De repente, la veo doblar a Petardo, eterna en su bici y su empecinamiento. La veo y le grito. No me escucha. La veo y le grito. Nada. Me pareció que la perseguía una rata, pero callé cuando la encontré más tarde, en su casa. Había que verla para una monografía que Petardo estaba haciendo para una cátedra guevarista. Previendo la insuficiencia del vhs, compré un Gato Negro en el chino. Lo bebimos entero, recién eran las ocho.

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